Atentado en Sri Lanka

21.04.2019

Sri Lanka ha sufrido el ataque más devastador desde que en 2009 terminó una guerra civil de casi tres décadas. Una sucesión de explosiones en iglesias cristianas y hoteles de lujo de la capital de la pequeña isla del Índico, Colombo, y otras dos localidades, causó una matanza con al menos 290 muertos, decenas de ellos extranjeros, y dejó más de 500 heridos. El Gobierno, que había recibido un aviso del jefe de la Policía sobre posibles atentados contra iglesias 10 días antes, anunció 13 detenciones y apuntó a extremistas religiosos como autores de la matanza. Seis de los ataques fueron perpetrados por siete terroristas suicidas que se hicieron estallar entre la multitud, según han confirmado este lunes las autoridades. Ningún grupo se atribuido de momento la autoría de los atentados coordinados contra la religión cristiana y el turismo.

El Ejecutivo convocó un gabinete de seguridad nacional y el presidente, Maithripala Sirisena, anunció una investigación exhaustiva de los atentados, mientras se sucedían las condenas a la barbarie en todo el mundo. El Gobierno encabezado por el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, reconoció que recibió alertas previas sobre posibles atentados, pero no quedó claro si se adoptaron precauciones. El jefe de la policía de Sri Lanka, Pujuth Jayasundara, alertó hace 10 días en una nota a altos mandos de la seguridad del Estado de que el grupo musulmán radical National Thowheed Jamath planeaba ataques suicidas contra "iglesias importantes así como la Embajada india en Colombo", según un documento tuiteado este domingo por el ministro de Transportes, Harin Fernando.

Trece personas fueron detenidas, según la policía. Los investigadores intentan aclarar si hay posibles "vínculos con el extranjero", afirmó Wickremesinghe en un mensaje en televisión. Aunque ningún grupo se atribuyó la autoría de los ataques en cadena, el ministro de Defensa, Ruwan Wijewardene, habló poco antes de "extremistas religiosos" sin precisar más.

Las explosiones se registraron a primera hora de la mañana (hora local) y originaron un baño de sangre en tres iglesias cristianas -dos católicas y una evangélica-, donde centenares de fieles celebraban el Domingo de Pascua, y en varios establecimientos hoteleros. Una de las deflagraciones se registró en la iglesia de San Antonio de Colombo; otra en la iglesia de San Sebastián de Negombo, al norte de la capital, y una tercera en un templo de Batticaloa, en el este de la isla. También sufrieron fuertes explosiones tres hoteles de lujo de la capital -Cinnamon Grand, el Kingsbury y el Shangri-La- y un hostal. Las víctimas mortales, al menos 290, eran de una decena de nacionalidades.

Horas después y en medio del caos se produjo una octava deflagración, en la que murieron tres policías que ejecutaban una redada, según las autoridades. Además, la policía desactivó el domingo una bomba artesanal situada en la vía de acceso a la principal terminal del aeropuerto de Colombo, según han asegurado fuentes policiales a France Presse. El Gobierno decretó el toque de queda y bloqueó temporalmente las redes sociales para evitar "noticias falsas", según alegó. 

Las imágenes difundidas en la Red mostraban edificios destrozados y bancos ensangrentados cercanos al altar en una de las iglesias. La devastación también dejó una honda huella en los hoteles, como el Shangri-La. "Eran las 8.30 de la mañana. Había muchas familias", contó a la agencia France Presse un empleado sobre el ataque. Con un plato en la mano en el restaurante del hotel, un hombre "se dirigió al principio de la cola y se hizo estallar", añadió.

Sri Lanka, con una población cercana a los 21 millones de habitantes, es mayoritariamente budista. Suponen el 70% de la población del país, que tiene además un 12% de hindúes, un 10% de musulmanes y un 7% de cristianos. La matanza terrorista golpea a un país marcado por la tensión étnico-religiosa y una guerra civil que duró casi tres décadas y ha lastrado su desarrollo.

Los ataques son los más sangrientos desde que terminó el conflicto interno, que enfrentó a la mayoría budista y a la minoría hindú tamil -segunda etnia del país concentrada en el norte y noreste-, y causó 100.000 muertos. Además, en los últimos tiempos, diversas minorías han denunciado un repunte de la violencia. Los últimos ataques de relevancia fueron en 2018, cuando el Gobierno tuvo que declarar el estado de emergencia tras varios enfrentamientos entre musulmanes y cingaleses budistas con dos muertos y decenas de detenidos. El año pasado hubo 86 incidentes que incluían discriminación, amenazas y violencia contra cristianos, según la Alianza Nacional de Cristianos Evangélicos de Sri Lanka, que representa a más de 200 iglesias y otras organizaciones cristianas del país. Este año, la entidad ha registrado ya 26 incidentes, como un intento de boicotear una misa por parte de monjes budistas.